Rituales sin territorio
Una reflexión visual sobre la globalización cultural.
Esta serie parte de una pregunta simple: ¿qué ocurre cuando un ritual se mantiene, pero el territorio cambia? Los encierros de San Fermín son un acontecimiento profundamente local. Un ritual con reglas no escritas, con una coreografía colectiva aprendida por repetición, con una lógica compartida entre corredores, animales y espectadores. Todo en él tiene sentido porque sucede allí. Desde que tenemos uso de razón.
En Rituales sin territorio, ese mismo ritual es desplazado. No se transforma, no se caricaturiza ni se ironiza de forma explícita. Se traslada tal cual a otros contextos: ciudades, paisajes y culturas donde no debería existir. El encierro aparece entonces en lugares ajenos —calles que no lo esperan, arquitecturas que no lo han diseñado, ecosistemas que no lo contemplan— pero se comporta exactamente igual. Las reglas permanecen. Los gestos se repiten. Las miradas se reconocen. Lo que cambia es el escenario.
Cada imagen funciona como un documento imposible: una escena tratada con el lenguaje del fotoperiodismo y del documental, pero que retrata algo que nunca ha sucedido. No hay épica, no hay fantasía ni espectáculo. Hay tensión, densidad humana, peligro contenido y una coreografía colectiva que se impone incluso cuando deja de tener sentido. La serie no busca ridiculizar el ritual ni los lugares que lo acogen. Tampoco propone una parodia directa. Lo que plantea es una crítica visual a la globalización cultural, entendida como la repetición automática de comportamientos, tradiciones y formas de estar en el mundo, independientemente del contexto que las hizo nacer.
En estas imágenes, la cultura funciona como un algoritmo: una vez aprendido, se ejecuta en cualquier parte. La presencia de animales distintos, de entornos incompatibles o incluso de elementos imposibles no rompe la escena. Al contrario, subraya una paradoja: el ritual sigue funcionando visualmente, aunque el territorio ya no lo sostenga. El espectador reconoce el encierro incluso cuando nunca ha estado en Pamplona. Porque lo que se representa no es un lugar, sino una estructura de comportamiento colectivo.
Rituales sin territorio propone así una reflexión sobre identidad, desplazamiento y repetición. Sobre cómo las tradiciones viajan, se exportan, se imitan y se vacían de contexto. Y sobre cómo, en un mundo globalizado, se fuerza el intento por mantener una esencia ajena, incluso cuando su sentido se diluye.
No es ficción. No es sátira. Es una pregunta visual sostenida en el tiempo.
Nota técnica: Las imágenes han sido desarrolladas mediante procesos contemporáneos de creación visual, utilizando herramientas de inteligencia artificial como extensión del criterio autoral, del mismo modo que en su momento lo fueron la fotografía digital o el retoque. La tecnología no define la obra; el punto de vista, sí.

