“Me da corte hacer fotos a la gente”

A todos. O casi a todos. Porque hacer fotos a personas tiene algo que no tienen los paisajes… Hay una persona ahí. Que te mira. Te devuelve la mirada. Y, de alguna manera, te juzga. O eso creemos.

Recuerdo perfectamente esa sensación. La de levantar la cámara, dudar, bajarla otra vez. Hacer como que miras otra cosa. Esperar. Irte sin la foto. Y luego pensar: “Podría haber sido buena.”

Durante mucho tiempo pensé que eso era falta de seguridad. Ahora creo que es otra cosa. Es conciencia. Es entender que hay alguien delante. Que no es un objeto. Que no está ahí para ti. Y eso, bien llevado, no es un problema. Es justo lo que hace que la fotografía de personas tenga sentido.

No es robar. Es acercarse.

Hay una idea que sobrevuela siempre la fotografía de calle. La de “robar” fotos. Nunca me ha gustado esa palabra porque cambia completamente la actitud. No es lo mismo acercarte a alguien que robarle algo. No es lo mismo mirar con curiosidad que mirar con prisa. Cuando te acercas desde el respeto, algo cambia en ti y en la otra persona.

El corte no desaparece

No voy a decir que se quita. No se quita del todo. Sigue ahí. A veces menos. A veces más. Pero aprendes a convivir con él y sobre todo, aprendes que no todo pasa por superarlo (aunque sea puntualmente). A veces basta con entenderlo. Si te da corte, probablemente es porque te importa no molestar y eso ya es un buen punto de partida.

Algunas formas de hacerlo sin invadir

A mí, cuando alguien me ha pedido hacerme una foto, me ha parecido un halago. Algo en mí le ha llamado la atención. Por lo que sea. Y consiento. Me parece un intercambio justo ya que yo también lo hago. ¿Estás tú en ese mismo punto?

No hay una única manera de fotografiar a alguien, pero hay pequeños gestos que cambian mucho la experiencia. Si alguien, por el motivo que sea, te ha llamado la atención, lo idealmente es acercarte con toda la naturalidad del mundo a hablar un poco con esa persona. Hazlo con calma. El cuerpo dice muchas cosas antes que la cámara. Si te acercas nervioso o con prisa, se nota. Si te acercas tranquilo, también. Explícale brevemente qué tipos de fotografías haces y con qué fin. Pregúntale algo. Con eso ya estaría más que bien. Pero a veces no tenemos mucho tiempo. Para esos casos…

Mira antes de disparar.
A veces una mirada breve, un gesto o una sonrisa abren más puertas que cualquier explicación.

Pide permiso cuando lo sientas necesario.
No siempre hace falta. Pero muchas veces sí. Y no pasa nada. Una frase sencilla suele ser suficiente. Se puede hacer incluso sin llegar a cruzar ninguna palabra. Mostrando la cámara.

No dispares y desaparezcas.
Si haces la foto, quédate un segundo más. Ese pequeño gesto cambia la relación. Asiente. Sonríe. Agradece en la distancia.

Acepta el no.
No todo el mundo quiere ser fotografiado. Y está bien. Insistir o incomodar no mejora ninguna foto.

Da algo a cambio.
A veces es una sonrisa, enseñar la foto o simplemente un gracias. No es un intercambio formal, pero sí una forma de cerrar el momento.

Hay muchas formas de mirar

No todas las fotos de personas tienen que ser primeros planos. A veces es mejor dar un paso atrás e incluir el contexto dejando espacio. Que la persona forme parte de algo más grande. Eso también es una forma de respeto. No todo tiene que ser invasivo. Además ganamos en el ¿Dónde estamos? ¿Qué hay a su alrededor?

La diferencia no es técnica

No tiene que ver con el objetivo que llevas. Ni con la cámara. Ni con si disparas rápido o lento. Tiene que ver con la intención. Se nota mucho cuando alguien hace fotos “cazando” y también cuando alguien está observando. La cámara es la misma. La mirada no.

La foto que no hiciste

Durante mucho tiempo me obsesionaban las fotos que no hacía. Las que se me escapaban. Las que veía y no me atrevía. Ahora lo veo distinto. Algunas no se hacen y no pasa nada. Porque esto no va de acumular imágenes, va de cómo estás tú cuando estás ahí.

Al final

Sí… “Me da corte hacer fotos a la gente.” Sigue pasando. Pero ya no es un freno, es más bien una especie de filtro. Una forma de decidir cuándo sí y cuándo no. Porque cuando la haces desde ahí, desde ese pequeño respeto que te frena un segundo… La foto cambia. Y tú también.

Si quieres un montón de consejos sobre cómo sacarle más partido a tu mirada, échale un ojo a mi curso de fotografía que a partir de 5 módulos, incide en la FORMA DE MIRAR.