El Señor de negro

En la última agencia de publicidad en la que estuve, me llamaban el Señor de negro. Quiero entender que señor iba con mayúsulas y que “de negro” se debía a que siempre vestía con tonos un poco, digamos… apagados. Es más, hasta me hicieron un dibujo para conmemorar tan alto honor (¡ojo! me hizo mucha ilusión, sobretodo por venir de quien vino). Pero “este cariñoso mote”, que también se debe a mi profunda y exclusiva vida interior, mi aislamiento musical y mi poco afición a hablar… me ha dado que pensar.

señordenegroMe ha dado que pensar sobre todo ahora. Hoy. Hoy que me voy durante un año a dar la vuelta al mundo con Lucía. Pienso en que… no me vendría mal “tener algún color que otro”. A ver, no quiero pasar a ser “el Señor de colores”, pero, no sé… no me vendría mal aprender a abrirme un poco “al resto del mundo”. Probablemente y además de la experiencia vital y la aventura que supone un reto como el que tenemos por delante, ese sea “mi reto personal”. O al menos… esa es la intención. Me gustaría aprender a escuchar un poco más, a relacionarme “porque sí”, a abrirme de buenas a primeras a otros… El Señor de negro se va para, sin cambiar en el fondo, cambiar un poco en la forma (curiosamente, la dicotomía diaria de mi forma de ser). Como si estuviera en un casino y fuera a jugármelo a todo o nada…

Me lo juego todo “al rojo”.